domingo, 17 de julio de 2016

Acoger .2

XVI Domingo del Tiempo Ordinario (C)


Las lecturas de este domingo nos hablan de acogida.

Acoger a quien viene, a quien pasa a nuestro lado: tres hombres en la lectura del Génesis y Jesús en casa de Marta y María en el Evangelio de Lucas. Acoger personas y acoger palabras o mensajes: la promesa de un descendiente en el Génesis y la enseñanza de Jesús en San Lucas.

El acoger es algo propio de los pueblos nómadas, de los pueblos del desierto, de los que han estado años en camino y cuando tienen un sitio fijo hacen lo que a ellos les hicieron o les hubiese gustado que les hicieran. Es uno de los preceptos del pueblo de Israel.

Muchos son los textos bíblicos que hablan de acogida y de la obligación de atender a forasteros y huéspedes. No olvidéis la hospitalidad: por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles (Hb 13, 2)

Quizás sea este texto, del encuentro de Abrahán con los tres hombres junto a la encina de Mambré, el más conocido y comentado por ser el más desconcertante. Los tres personajes han sido identificados con ángeles, con la Trinidad, con el Misterio. El encuentro no es de un momento... cocer un pan y cocinar un ternero no es cosa de cinco minutos. El encuentro tiene como postre, la segunda parte de la acogida: la escucha, y en la escucha el mensaje, la promesa de la descendencia de la herencia de del pueblo de Israel.

En el Evangelio es Jesús el recibido en casa de Lázaro y sus hermanas, con todo detalle y cariño, aunque en este caso las dos acogidas parecen ir en paralelo, Marta la acogida personal y María acogedora de su mensaje. De este texto se ha sacado siempre la oposición entre vida activa y contemplativa, oposición con poco sentido. Contemplación y acción, misión y oración, no pueden ir en paralelo, deben ir de la mano.

Acoger la persona, acoger el mensaje. Abrahán permanece en pie bajo el árbol donde sus visitantes comen. María a los pies del Señor escucha, en posición de discípulo, dejándose llenar de la enseñanza del Señor.

Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria. A veces vale la pena la espera para dejarse llenar de la palabra de Dios, recibir su mensaje para ejercitarse en las obras de Dios.

Génesis 18, 1-10a Salmo 14, 2-3ab. 3cd-4ab. 5 R/. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
San Pablo a los Colosenses 1, 24-28
San Lucas 10, 38-42


Fr. J.L.

Abraham y los ángeles (s.XVI) Fabrizio Santafede
Colección Privada

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